FLOTA NAFO

FLOTA NAFO

CANADÁ CONSIGUE ASFIXIAR TODAVÍA MÁS A LA FLOTA ESPAÑOLA EN EL ATLÁNTICO NORTE

La amenaza de NAFO sigue el protocolo de cada año: anunciar grandes recortes para después reducirlos a la mitad, pero poco a poco va aniquilando la actividad

Los pocos barcos que todavía quedan en el caladero NAFO acaban de recibir la amenazante noticia de cada año: un recorte radical de las cuotas de pesca, que afecta especialmente al bacalao, pescadilla, raya y cabra, y un recorte menor a la exigua cuota de fletán. Y como cada año se repetirá la liturgia, ya que la situación final será menos mala y los funcionarios y políticos podrán quedar como héroes ante sus públicos, ya que han sabido defender sus intereses en las opacas negociaciones internacionales. Como siempre, entonarán el “pudo haber sido peor”.

No obstante, año a año consiguen esquinar un poco más a los buques europeos, reducidos ya a la mínima expresión: Hoy tan solo acuden 3 bacaladeros y 9 fletaneros españoles, y no durante todo el año, que generan más de 300 puestos de trabajo directos y aproximadamente 2.500 indirectos. También acuden a pescar allí 4 portugueses y un estonio.

La propuesta de reducir radicalmente las capturas parte del Comité Científico de NAFO, un organismo dominado por Canadá y sus intereses petroleros en las aguas del Atlántico Norte utilizadas por la flota europea. En el fondo, lo que persiguen año tras año es “limpiar» esas aguas de pesqueros, al no resultarles rentable su explotación.

Las noticias que transmiten personas conocedoras del caladero apuntan que hay más pescado que nunca, y nadie se explica el por qué de la situación, a no ser por los planes petroleros canadienses. Este país se apoya en argumentos ecologistas para reducir la importancia pesquera de la zona, que lleva años sometida a fuertes limitaciones por lo que resulta biológicamente imposible que pueda estar agotándose.

Canadá lleva décadas intentando expulsar a los barcos europeos, como demuestra la intención de ampliar su Zona Económica Exclusiva más allá de sus 200 millas, sin conseguirlo. Su diplomacia se centró entonces en potenciar su propio lobby en este organismo político científico que rige la regulación en aguas del Atlántico Norte.

El declive por asfixia de la flota NAFO se une a otras de gran altura que han ido perdiendo importancia en nuestro país, perjudicadas por la falta de respaldo europeo y el escaso interés de España, que nunca apostaron por la pesca como sector de futuro. Con la flota reducida a la mínima expresión, ahora debería desmantelarse buena parte del sector administrativo pesquero, lleno de altos funcionarios, organismos y estructuras políticas cuyo fracaso en defensa de este sector productivo es evidente.